La eterna pregunta...

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9.2.15

Frege y su filosofía del lenguaje (I)


Nacido en 1848 en Wismar (Alemania), Gottlob Frege fue un filósofo y matemático, alumno y después profesor de esta última materia en la Universidad de Jena desde 1879 hasta 1918. Es conocido por muchos que gracias a él se inició la moderna filosofía del lenguaje; también a él se debe el origen de lo que hoy llamamos “lógica formal”. Sin embargo, su reconocimiento no fue general hasta que Edmund Husserl, Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein difundieron su trabajo. Hoy se considera a Frege uno de los grandes lógicos modernos, y como fundador de esta disciplina, defensor del logicismo y como una de las principales personalidades de la  filosofía analítica del siglo pasado, Gottlob Frege ejerció gran influencia, a veces muy directa, en multitud de pensadores, entre ellos los mismos Russell, Wittgenstein y o Rudolf Carnap. La distinción que efectuó Frege entre sentido y referencia de las expresiones lingüísticas, que analizaremos, sigue siendo aún tema de debate, aún más de cien años después. De 1879 data su primer libro, que es una de las fechas fundamentales de la lógica matemática. Murió en 1925.

Un vistazo a las contribuciones principales de Frege casi produce vértigo: elaboró la logización de la aritmética y la prueba de que la matemática se reduce a la lógica, así como cálculo proposicional; introdujo la noción de función proposicional, la cuantificación y del cuantificador, todo ello en vista de confeccionar el cálculo cuantificacional; desarrolló un análisis lógico de la prueba y otro del número. Frege distinguió y comprendió, además, entre mención y uso, e inauguró un modo metalógico de exponer sus ideas. Frege, asimismo, dio cuerpo y nueva orientación a nuevos conceptos filosóficos, como el de existencia, y supo diferenciar connotación-sentido-significación y denotación-referente.

En su filosofía del lenguaje, el propósito que animó la labor de Frege no fue tanto brindar una explicación de los fenómenos lingüísticos particulares, sino ensayar distinciones conceptuales que se pudieran aplicar a toda clase de sistemas semióticos (la semiótica es la ciencia que estudia los signos, básicos para entender la lingüística). 

Frege sostenía que las teorías del lenguaje deben explicar la relación de éste con la realidad, y es algo, afirmaba, que se puede llevar a cabo al margen del análisis del pensamiento. A partir del siglo XVII, los contenidos mentales (es decir, ideas, conceptos, etc.) eran el punto de unión entre la expresión lingüística y la realidad (extralingüística), elemento clave de su significación. Frege, por el contrario, retornó a las nociones medievales y aristotélicas, en el sentido de que despojó a dichos contenidos mentales de todo valor o contenido psicológico; ahora, esos contenidos serán objetivados, y la lógica tomará las riendas en el análisis del lenguaje.

Por tanto, su visión de la lógica es completamente antipsicologista. Frege quería despojar a la filosofía de la lógica y, de paso, a la teoría semántica, de todo rastro de las tesis psicologistas que las inundaban; ambas, psicología y lógica, no tienen nada que ver. Su notación, la que presentó en su obra de 1879, era un lenguaje por derecho propio, afirmaba. Los axiomas lógicos no mencionan ni objetos ni propiedades que quepa analizar o investigar recurriendo a ciencias especiales; los cuantificadores que empleaba eran, asimismo, irrestrictos. Las leyes de la verdad, para Frege, son las leyes de la lógica. Su “conceptografía” ofrecía un marco para deducir (de forma completa) cualquier ciencia particular. Tenía pues, una ambición universalista. Esta pretensión será criticada por lógicos posteriores. Wittgenstein, en su Tractatus Logico-Philosophicus (1921) y también en obras más tardías, formularía muchas críticas del punto de vista universalistas fregiano. También los positivistas lógicas mostrarían sus dudas o el rechazo, como Carnap, en The Logical Syntax of Language (1934).

Frege desconfiaba del lenguaje natural, no lo veía como instrumento válido ni para pensar ni para razonar. Por este motivo dio vida (1879) a la Conceptografía, un lenguaje formal construido con el propósito de controlar la validez de los razonamientos. Aplicable en un principio a la matemática, nuestro autor tenía la esperanza de que fuera extensible a cualesquiera actividades en las que el razonamiento jugase un papel básico (como en la filosofía).

Comenta Eduardo de Bustos Guadaña (y de cuya Filosofía del Lenguaje [UNED, Madrid, 1999] nos servimos para esta pequeña serie y las sucesivas que traten sobre el lenguaje), “Frege es heredero de una larga tradición de desconfianza hacia el lenguaje natural… [que] es irremediablemente vago e impreciso para la representación de la estructura de la realidad”. En efecto, el lenguaje coloquial es irregular, poco perspicuo y ambiguo en la expresión de las relaciones lógicas. Por otro lado, hay características lógicas básicas del los contenidos de los enunciados que se pueden asumir sin ser reveladas o explicitadas para nada. Así las cosas, es imposible determinar correctamente y hasta sus últimas consecuencias las premisas a partir de las cuales se sigue una conclusión en el lenguaje ordinario. Para remediarlo, nos aconseja Frege, o lo sustituimos por otros medios de expresión más apurados (verbigracia, lenguajes matemáticos) o nos ponemos a analizarlo conceptualmente en pos de revelar la estructura lógica que se esconde tras las expresiones lingüísticas.

Frege, pese a ser un pensador muy original, se apoya y reelabora algunos aspectos de la tradición filosófica. Destacamos dos: la critica al kantismo y su apego por Leibniz y la postura realista racionalista. Respecto a la primera, Kant había sostenido que un concepto puro, sin intuición (desprovisto de contenido psicológico, de percepción…) era algo vacío. Pero Frege pensaba que había conceptos, como los aritméticos (número, etc.), sin ninguna ligazón a una intuición, dado que no son propiedades de los objetos. No rechazó de plano que los conceptos pudieran ser aprehendidos mediante intuiciones, sino sólo que necesariamente tuvieran que serlo. Dado el carácter explícito y el rigor en su formulación de su propuesta, la mencionada Conceptografía, Frege sostenía que con ello se garantizaba la inexistencia de premisas explícitas extralógicas, de las que dependan las conclusiones lógicas. Por tanto, estas pruebas mostrarían que la aritmética es analítica, no sintética, como sostenía Kant. En todo caso, Frege redefinió el  significado de “analítico”, modificándolo para que pudiera ser algo “demostrable a partir de leyes lógicas y las definiciones.

Por lo que atañe a su vinculación con Liebniz, la obra de Frege Conceptografía, que animaba a una escritura conceptual para el pensamiento puro, enlazaba con la tradición que buscaba una lingua universalis, de la que el alemán del siglo XVII había sido uno de sus más firmes defensores. Pues bien, Frege concordaba con Leibniz en el propósito de hallar un lenguaje (formado por leyes básicas del pensamiento totalmente transparentes) cuyo modo de razonar se pudiera seguir y controlar en todas sus etapas, de modo que fuera viable un cálculo que permitiera saber la validez de las inferencias en él contenidas. Por otro lado, Frege no partía de los conceptos, como lo hizo Leibniz (para el cual el pensamiento verdadero era una combinación adecuada de los conceptos básicos), sino de los contenidos de los juicios, es decir, de la aserción de un pensamiento. La unidad significativa mínima ya no será la mera palabra, sino la proposición, que expresa nuestro pensar de un modo completo.

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