La eterna pregunta...

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17.8.07

Popper y el fundamento científico

¿Cuál es el procedimiento mediante el cual la ciencia consigue obtener conocimiento de la naturaleza? ¿Es este método muy diferente del que se emplea en las ciencias sociales, o guarda alguna similitud de base con él? ¿Qué alcance tiene dicho procedimiento y qué tipo de veredicto podemos establecer en relación a la verdad que nos ofrece?

Éstas son algunas de las preguntas que Karl Popper pretender responder en uno de los ensayos que componen su libro "El mito del marco común" (Paidós, colección Surcos, nº 8, 2005), el titulado "Modelos, instrumentos y verdad". Se trata de cuestiones muy interesantes y de las que Popper era un gran conocedor, no en vano fue uno de los mejores filósofos de la ciencia que dio el siglo XX. Hay un aspecto que me parece realmente importante del ensayo citado, y es el relacionado con la elucidación de cuál es el método de la ciencia.

Empecemos por la definición de ciencia y su método. Para Popper, según la postura tradicional, postura aceptada por todos los científicos como el pilar fundamental de su profesión, la ciencia parte de la observación, que produce datos, hechos o mediciones, los cuales, correlacionados o conectados de alguna manera, sirven para llegar a una generalización, que posteriormente dará lugar a las teorías científicas. Estas teorías aspiran a ser una descripción lo más correcta posible de la realidad, y sólo se modifican cuando ulteriores observaciones no encajan con ellas.

Popper arguye que este método científico no es, en absoluto, el que se sigue en las ciencias naturales. Por el contrario, la ciencia parte, no de observaciones, sino de problemas. "Un problema prometedor, un problema que sea significativo dentro de la actual situación problemática, dominada a su vez por nuestras teorías" constituye la materia prima a partir de la cual la ciencia empieza a funcionar por sí misma, y no la observación embobada de la realidad. La lección sintetizada de Popper es la siguiente: la ciencia siempre empieza y termina con problemas.

¿De dónde surgen los problemas, es decir, cuándo o cómo toman forma en nuestra vida? Para Popper, los problemas aparecen en el momento en que nuestro conocimiento se ve en dificultades, quizá porque no responde a las expectativas o porque son incompletos. Así nacen los problemas, situaciones que permiten aproximarnos con nueva perspectiva al saber que hasta entonces era rigurosamente aceptado.

Popper ilustra su postura con la teoría de la gravedad de Newton. Isaac Newton no elaboró su nueva teoría simplemente porque observara hechos y dedujera de ellos que cabía modificar la concepción física del mundo. Si Newton concebió su teoría fue porque cabía resolver problemas que las leyes de Kepler y las de Galileo ocasionaban. Si no conocemos las circunstancias y los problemas existentes previamente a la teoría de Newton, ésta, para Popper, carece de todo sentido, porque no podemos comprenderla cabalmente. Dicha teoría, como muchas otras, nacen con el objetivo final de brindar una descripción más acorde a la realidad que su predecesora, y ello sólo tiene significado si entendemos que los problemas son previos a las teorías.

Un resumen rápido de lo que para Popper es el método científico sería el siguiente;

1) Seleccionar un problema.
2) Tratar de resolverlo proponiendo una teoría como solución provisional.
3) Mediante la discusión crítica de nuestra teoría podemos mejorarla, eliminar algunos de sus errores o, si se tercia, cambiarla o desecharla por otras teorías que expliquen mejor los problemas.
4) Toda discusión crítica, incluso en los casos de teorías plenamente establecidas, tiene el provecho de sacar a la luz nuevos problemas, con lo que el proceso puede volver a empezar.

En definitiva: Ciencia = problemas-teorías-críticas-problemas.

Si nuestra teoría no es capaz de resolver los problemas que le planteamos, entonces hay que cambiar de teoría. Criticando y mejorando nuestra teoría vamos poco a poco aprendiendo sus entresijos, solucionando los problemas creados y formándonos mejor para afrontar otros nuevos que aún están por llegar.

A continuación analiza Popper en su ensayo la cuestión de la objetividad y la racionalidad de la ciencia, elementos ambos que se hayan imbuidos en la llamada discusión crítica de las teorías científicas. La objetividad es, para Popper, no considerar ninguna teoría científica como dogma, así como que toda teoría es, tan sólo, una tentativa de explicación, la cual debe estar permanentemente presta a ser criticada, desde todo frente y con toda intensidad, por los científicos. Esta discusión crítica se dirige hacia un objetivo claro: hallar en la teoría un defecto, un error cuando intenta explicar o dar solución a un problema. Al comparar dos teorías, la que aporte un mayor caudal explicativo de los hechos será la finalmente aceptada.

Ahora bien, la discusión científica, y el triunfo de una teoría sobre otra tras dicha discusión, no suele llevar a una conclusión definitiva, porque no hay forma de falsar categóricamente teoría alguna (el principio de falsacionismo [que sostiene la idea de que toda proposición científica tiene que ser ser susceptible de ser falsada] es, precisamente, una categoría epistemológica construida por Popper; quizá hablaremos más extensamente de ella en el futuro, pero de momento, un par de enlaces interesante, aquí y aquí). A la única conclusión que se puede llegar después de una discusión crítica es que la teoría elegida es la mejor de que se dispone.

Es dificil no estar de acuerdo con esto con Popper. Es importante, muy importante, de hecho, evitar la suposición de que aceptar una teoría es tenerla por plenamente establecida, hoy, mañana y siempre. El símbolo científico que representa lo que la ciencia nos ofrece no debería ser el conocimiento, el saber adquirido, sino el espíritu de cambio, la posibilidad de una sabiduría en constante mejora, la crítica incansable de teoría y posturas científicas. Su avance, para Popper, está integrado en el de los problemas que la integran y el de las teorías que tratan de explicarlos; así, una teoría aceptada por todos y rígidamente asentada en nuestro acervo común, la que nadie osa ya discutir, es una teoría muerta, inútil y peligrosa; porque puede derivar en un dogma, la larva de la intolerancia y el fanatismo.

Y, con esto, paso ya a mi crítica de la visión de Popper. La principal objección que se le puede achacar es, naturalmente, que la ciencia puede muy bien no empezar siempre con problemas. La simple observación puede, por sí misma, ser la desencadenante del proceso que nos sitúa en pos del conocimiento. Pero es que, además, existen multitud de otras tipologías de métodos de investigación que nos permiten adquirir conocimiento científico; cierto que el método hipotético-deductivo es el de mayor difusión y el más utilizado por los científicos (método que, no obstante, Popper rechaza como idiosincrásico de la ciencia, como hemos visto), mas no deben olvidarse otros procedimientos, que pueden ser utilizados combinadamente, como métodos lógico deductivos/inductivos, la analogía, el método histórico, el sintético y analítico, entre muchos otros.

Por otra parte, si toda ciencia parte de problemas quizá estemos dándole un énfasis excesivamente práctico al fundamento científico. Es verdad que Popper asume que un problema práctico puede dar origen a otro teórico, y con esto que su pragmática visión científica se enlaza con un esqueleto teórico, del cual se nutre aquella, como es evidente, pero la ciencia muchas veces parte o nace directamente de un conocimiento completamente teórico, puro, exento de ropajes experimentales. Los problemas científicos, tal vez, surgen más bien después de la curiosidad, el interés y la observación del mundo natural, no necesariamente con anterioridad a ellos.

Popper ha recibido críticas de distintos pensadores, entre los que se halla Thomas Kuhn, que en su "La estructura de las revoluciones científicas" sostiene que la visión de Popper acerca de cómo actúan (o deberían actuar) los científicos es errónea, pues en sólo contadas ocasiones son ellos mismos, es decir, los propios científicos, quienes llevan su teoría hasta el límite de su falsación. Más bien, parece ser que la proponen sin explorar hipotéticas condiciones inaceptables, o sin saber hasta un margen seguro si resuelve los problemas planteados. En esas condiciones, la discusión crítica no es posible, porque no hay, según Kuhn, un examen profundo del poder explicativo de las teorías en liza.

A mi juicio, y en síntesis, Popper traza una concepción de la ciencia abierta, no dogmática, cuyas teorías necesitan ser constantemente criticadas y replanteadas, además de entendidas como aproximaciones a la verdad, sólo temporalmente adecuadas y destinadas a ser superadas por otras nuevas, pues la evolución científica es inevitable y deseable. En esto es fácil coincidir. Por otro lado, la cuestión de si la ciencia parte de problemas o de observaciones es más discutible, puesto que tanto puede hacerlo desde un frente o desde otro, e incluso desde algunos más, como hemos visto.

Quizá un término medio, el que supone que tanto los problemas como las observaciones son la raíz de la ciencia, sea lo más adecuado para entender cómo surge ésta, una disciplina valiosa, que sustenta nuestro mundo occidental y nos ayuda en nuestra comprensión del mundo como ninguna otra forma de conocimiento.