La eterna pregunta...

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13.3.09

Conceptos y términos: "juicios analíticos" y "juicios sintéticos"

Todo juicio es un acto mediante el que se afirma o niega la existencia de algo, vinculando dos términos (uno, el sujeto, el otro, el predicado) por medio de la cópula es. Difiere del razonamiento en que éste es la unión de dos o más juicios, y según afirmaba Aristóteles el juicio representa un término o escalón medio entre el concepto y aquel primero.

Inmanuel Kant, quien analizó los juicios como actividad del sujeto pensante, popularizó en su Crítica de la razón pura la famosa distinción en analíticos y sintéticos. Los juicios (o enunciados, o proposiciones) analíticos son los que poseen el concepto de predicado contenido en el sujeto, siendo aquel perteneciente a éste, y estableciéndose ambos en una relación de identidad. Por su parte, en los juicios sintéticos el predicado de la proposición no está comprendido en el sujeto ni forma relación alguna con éste.

Por ejemplo: el juicio “todas las rosas rojas son rojas” es claramente analítico, puesto que el concepto ‘rojas’ del predicado se halla en el concepto ‘rosas rojas’ del predicado. Pero si afirmamos que “las rosas son rojas” estamos realizando un juicio sintético, dado que el concepto ‘rojo’ no está íntegramente contenido en el concepto ‘rosas’ (entre otras cosas, naturalmente, porque hay rosas que no son rojas). Además, podemos construir la negación de un enunciado afirmativo sujeto-predicado, siempre que no sea analítico. Podemos, así, decir “no todas las rosas son rojas”, y se trata de un juicio sintético válido, pero no es posible hacer lo mismo en un juicio analítico: porque, en efecto, si decimos que “no todas las rosas rojas son rojas” caemos en una evidente contradicción, ya que supone que “algunas rosas son y no son rojas”, lo cual es absurdo.

Karl Popper, en su libro Conocimiento objetivo, sintetizó la división de los enunciados de la forma siguiente:



En este cuadro aparecen un par de términos (a priori y a posteriori) que ya hemos visto anteriormente. Lo que aquí se señala es que todo juicio analítico implica un a priori (las flechas de la figura significan, precisamente, si... entonces...), mientras que uno sintético sólo puede ser a posteriori; esto se debe a que la verdad de los juicios depende de su naturaleza: la de los analíticos se detecta siempre a priori (esto es, su verdad la conocemos gracias a nuestra razón), y la de los sintéticos a posteriori (esto es, en virtud de nuestra experiencia). En estos últimos, el predicado nutre al sujeto, aumentando nuestro conocimiento (son de tipo extensivo) y produciendo un progreso del saber sobre el mundo. Como en ellos su predicado no pertenece al sujeto, su verdad, o el hecho de que el predicado se relacione con el sujeto, depende de lo que sucede en la realidad (a posteriori), no del significado de los términos. Por ello se trata de proposiciones contingentes, dado que no son ni universales ni necesariamente verdaderas y su negación es posible, como hemos dicho.

Sin embargo, no puede haber juicios analíticos a posteriori, dado que su verdad se logra sólo a priori (o, con otras palabras, que analizando las relaciones entre las partes de un juicio tal ya podemos determinar su verdad). Dado que este tipo de juicios comunican un conocimiento universal y necesario, se basan en el principio de identidad, y por ello su negación es imposible. Esto implica que constituyan enunciados analíticos los que son verdades lógicas, o pueden reducirse a ellas. Este tipo de juicios sólo se refiere a relaciones entre los conceptos (y son, por tanto, de tipo explicativo), y no aporta nada a lo que el sujeto de la proposición ya dice o es.

Mientras tanto, persiste la incógnita de hallar, o no, enunciados sintéticos que puedan ser válidos a priori. Kant sostenía que sí era posible, y que los teníamos ante nosotros en ramas como la aritmética o la geometría, ya que eran sintéticos (es decir, proporcionan nuevo saber) y válidos a priori (gracias a la luz de la sola razón), así como en la física pura. Kant pensaba que estas tres ciencias agotaban todo el dominio del a priori del conocimiento humano (la Razón Pura).

Corrientes filosóficas posteriores, como el empirismo lógico (o positivismo), siempre distinguieron entre analítico-a priori y sintético-a posteriori, como marco fundamental del lenguaje, y rechazó los juicios sintéticos a priori. No obstante, en Dos dogmas del empirismo, Willard V. O. Quine criticó la distinción y la tildó, en efecto, de dogma del empirismo, dado que, según él, no existe una separación nítida entre ambos tipos de juicio, y porque, además, los criterios para establecer las proposiciones analíticas dependen para su definición (y, por tanto, para su comprensión) del concepto de sinonimia para ser definida, pero ésta a su vez depende del de aquella, por lo cual jamás salimos de una definición circular.

Otros han aportado nuevos argumentos en contra de esta distinción, como el problema de definir algo "en virtud de su significado", el hecho de que no pueda realizarse la distinción atendiendo a nociones como 'concepto' o 'enunciado', que existan algunos enunciados confusos que ni parecen ser de un tipo o de otro, entre otros.

La cuestión sigue, aún, abierta.