Hambre y amor

"Muy poco, demasiado poco se ha hablado hasta ahora del hambre. Y ello a pesar de que en seguida se ve que este aguijón posee un carácter muy originario o primario. Porque una persona sin alimento perece, mientras que sin el placer amoroso puede sobrevivir largo tiempo. Y mucho más fácilmente aún se puede vivir sin satisfacer el instinto de dominación, y mucho más todavía sin retornar al inconsciente de antepasados que vivieron quinientos mil años atrás. Pero el parado que se viene abajo, que no ha comido hace días, nos conduce verdaderamente al lugar más acuciante de siempre en nuestra existencia haciéndolo visible. La compasión con los hambrientos es, de siempre, la única compasión extendida, más aún, la única susceptible de extenderse. La joven, y menos aún el hombre, que penan por el amor no despiertan compasión, mientras que el clamor del hambre es, sin duda, el más fuerte, el único que nos llega sin ambages. Al hambriento se le cree su desgracia; el que se muere de frío, el mismo enfermo, para no hablar ya de los enfermos de amor, causan la impresión de un lujo. Incluso el ama de casa de corazón de piedra olvida, dado el caso, el rencor de su avaricia al ver al mendigo comerse la sopa que le ha dado. Aquí, no hay duda, se muestran con claridad -ya en la compasión corriente- la necesidad y sus deseos. El estómago es la primera lamparilla a la que hay que echar aceite. Sus ansias son tan precisas, su instinto tan inevitable, que ni siquiera pueden ser reprimidos por mucho tiempo".

Ernst Bloch, "El principio esperanza", Aguilar, Madrid, 1977

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Llamamos compasión al reconocimiento empático del desgraciado; desgraciado es aquel que cayó en la desgracia verdadera, es decir, la falta de necesidades básicas : alimento, afecto y salud. Tiene razón el pensador alemán, creo, destacando la esencialidad del primero en relación con la compasión.
elHermitaño ha dicho que…
Gracias por tus comentarios, anónimo. Añadiría a la lista de necesidades básicas quizá una vida orientada, dirigida y maniatada por otros (sociedad, medios, amigos, familia...), no por nosotros mismos. Aunque a veces es dificil establecer la separación entre quién vive "libremente" y quién no, y hasta dónde influyen en nosotros, creo que la pérdida de autodecisión, de marcarnos el camino a seguir (aunque esto, también, sea privarnos de cierta libertad) y no permitir que nos lo pisoteen, es una tarea aún pendiente de muchos de nosotros. Y, en ese sentido, quizá sea también una necesidad básica no atendida.

Saludos.

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